Creo que ya es hora de reconocer que esta mierda de Internet me está resultando sumamente adictiva. Y con la reciente adquisición, en la compraventa de la esquina, de este hermoso sillón que en tiempos pasados perteneció a un contador (gracias mami por preguntar tantos datos inútiles), se ha cerrado el círculo del confort que hace propicio el trasnocharse buscando “la sabiduría”, entre páginas de la más variada índole.
Así que, con mis recientes innovaciones tecnológicas, apenas si tengo tiempo para respirar entre la montaña diaria de basura que tengo para leer y clasificar. Todavía me cierra más esa reflexión de Ortega y Gasset, acerca de que el mayor acto de solidaridad que podríamos hacer hoy en día es no agregar más basura literaria al mundo. Por supuesto, yo no me caracterizo por la solidaridad. Ni por rendirle devoción a un muerto, aunque no pueda dejar de asentir a todo cuanto he leído de ese gallego de mierda. Es un genio.
Volviendo al punto, Delirios emocionales ©, se convertirá en una especie de diario “personal”. Bajará todavía más la calidad de los textos. Serán escritos inútiles, burdos, sensacionalistas, delirantes y emocionales. Me volveré todavía más auto referencial. Quiero que esos siete lectores que supuestamente tengo, se vayan a la mierda. Voy a conseguirlo. Como cuando dije que podría pegarle una patada a ese caniche toy…
ESO, es la posmodernidad. Una necesidad inexplicable de trasnocharse frente a un monitor, en vísperas de un examen. Voy a vengarme de lo que me están haciendo (y me hicieron) en la Facultad de Derecho: estafaré a mucha gente. Yo tenía principios, ideales… algo de cerebro. Pagarán justos por pecadores. ¿Por qué quieren despojarme de mi buen juicio? ¿Por qué matan todo resquicio de creatividad? ¿Es que acaso no ven las monstruosidades con apariencia de seres humanos que están produciendo? Sobre todo las mujeres. Qué estúpidas que son las mujeres de la Facultad de Derecho. Deberían matarlas a todas, hacer una hoguera, quizás una orgía previa al genocidio. Salvo a mi novia, o me quedaría sin vida sexual. O a mi mamá, pues perdería ese confort del que hablo. O a la mamá de mi novia, por las dudas. Y a las conocidas. No porque no sean estúpidas, sino porque son mis amigas, no merecen morir. Son tan ñoñas. Tan mediocres. Me dan asco, es insoportable escucharlas repitiendo conceptos que jamás van a entender, que no les importa entender, que no tienen la capacidad para entender. Y es asombroso, ¡algunas tienen diez en Filosofía del Derecho! ¡Y son tan estúpidas!
De todos modos, sólo leí un libro de Ortega y Gasset.
1 futuros demandados:
Debajo de la última foto anual del Monse, recuerdo, firmaste algo como " A moncho, futuro filósofo de mi presidencia" Ironía de todo: ni yo voy a ser filósofo, ni vos- me parece entender por este post- presidente("yo tenía principios, ideales...)En fin, qué bueno que te hayás percatado de la maquinaria abominable de esa facultad, qué malo que para ello hayás tenido que poner el cuerpo y la conciencia. Las únicas y pocas lecciones que se aprenden, al parecer, son las que marcan, las que laceran el cuerpo. Lo demás es conocimiento, saber, y dieces en filosofía del derecho.
Publicar un comentario en la entrada